The Veil o las prosperidades de la noche
Reseña del álbum "The Veil" de Night Powers.
Natalia Montalván Romero
9/22/20222 min read


Night Powers, conformada por Natalie Devine, Steve Goldberg, Inbar Kishoni, Gabe Sciallis y Rob Viola, es una banda oriunda del borough neoyorkino, Brooklyn. El quinteto relativamente joven se fundó en 2013, pero no fue sino hasta 2015 que realizaron su primer álbum The Hand of the Thief, una propuesta experimental con tintes góticos. Tres años más tarde presentarían su segundo álbum The Veil.
The Veil nos presenta una experiencia inmersiva a lo más íntimo de la noche. Influencias del spaghetti western de los años 50’s y 60’s, sintetizadores, panderos, coros estremecedores y la dicotomía de voces, son los elementos que componen a esta obra llena de oscuridad y misticismo.
Una batería acompañada de palmadas contrastantes inaugura el álbum; “Tonight we Fly”. El ritmo in crescendo de la canción emula la embriaguez progresiva que conlleva la consumación del acto. Ya Rob Viola advierte: “The Veil es un mundo de sombras y seducción donde uno mismo puede perderse”.
La combinación de la voz estilo crooner del guitarrista Viola y la hipnótica voz de la vocalista Natalie Devine son el complemento perfecto. Al estilo de Nancy Sinatra y Lee Hazlewood, pero sombrío.
Comienza el descenso al abismo.
La contundente percusión de Steve Goldberg disipa la euforia, pero introduce a un oscuro y constante trance con “Dirty Windows”. Esto se mantiene a medida que el bajo de Gabe Schiallis descubre el velo del siguiente tema : “Like Lovers Do”.
El misterio emana tan pronto como “The Night Market” se muestra al poder de la noche. El sonido inicial provoca la ilusión de introducirnos en una cueva deshabitada y carente de todo, dónde lo único distinguible son las gotas que colisionan con el suelo. La desolación desaparece de súbito con un ritmo palpitante que hace incontenibles los deseos de bailar, aunque apenas sea sugerido.
Lo extraño se hace presente con “Marlowe” y “Again in the Room”. El descenso se convierte en una ruleta rusa, es un bucle del que no se puede escapar.
“And the Moon” se une a la pista con la cadencia característica de un tango. Las castañuelas resuenan, mientras el teclado de Inbar Kishobi le rinde homenaje a la antítesis del divino.
El viaje al abismo de la noche culmina con “We Are The Photo”. Como en el principio del disco, Natalie y Rob le dan vida a la que pareciera ser la historia de dos amantes. Finalmente, el ciclo infernal se consuma.
¿Estás dispuesto a repetirlo?
Vade Retro... ¡Vade Ultra!
Columna publicada en Iguales Revista*
Natalia Montalván
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