El día que murió la música disco
La historia de la "Disco Demolition Night".
Natalia Montalván Romero
2/9/20214 min read


La música siempre ha sido una herramienta de la otredad para reivindicarse, para expresarse y vivir su libertad a través de ella. Por esto, la música, al igual que la literatura, las artes visuales y la poesía ha permanecido en el ojo del sistema cuando esta parece profanar y poner en riesgo los valores impuestos por el establishment.
El rock como respuesta al sistema beligerante y consumista, el blues como el llanto de las comunidades afrodescendientes arrebatadas de sus tierras y esclavizadas, el ballroom como refugio ante la homofobia y el racismo de una sociedad heteronormativa. Parece existir una relación inevitablemente dialéctica, una condición de acción-reacción, donde la música contraataca cada vez que el sistema se impone.
Así nos situamos en un momento oscuro en la historia de la música, donde el estigma y tabú hacia al género y a una comunidad orilló al evento que buscó la aniquilación de la música disco: The Disco Demolition Night.
Pero antes, es necesario precisar qué es la música disco y qué es lo que la sentenció a la muerte la noche del 12 de junio de 1979.
A finales de los sesenta, las ilusiones que trajeron consigo el flower power se marchitaron ante la brutalidad policiaca y la inflexibilidad gubernamental al turn on, tune in, drop out del sacerdote del LSD, Timothy Leary, corrompió el espíritu Woodstock.
En ciudades como Nueva York se acrecentó la crisis. Los homicidios se dispararon exponencialmente, la migración de blancos de clase media y alta afectaron los ingresos fiscales, la policía estaba coludida con los dealers de droga. Por si no fuera poco, una ola de incendios azotó al Bronx, desplazando a toda una comunidad.
Bajo estas condiciones, en los escombros remanentes de la necrópolis neoyorquina, se gestaron expresiones musicales que ayudaron a sobrellevar todos los problemas que se vivían diariamente. Las discotecas de establecieron como oasis, donde después de la exploración de la psique de mediados de los sesenta, se regresaba al cuerpo al final de la década.
Al interior de estos bailes se explotaba la opulencia, el resplandor, el hedonismo, el deseo de enfiestarse y embriagarse de placer por el desasosiego del mañana.
Los efectos psicodélicos que brindó el LSD fueron reemplazados por la euforia desenfrenada que otorgaba la cocaína. Y la revolución sexual alcanzó a las comunidades LGBTIQ+ afrolatinas.
En 1972, el track “Soul Makossa” del saxofonista camerunés Manu Dibango sentaría las bases del ritmo disco, influenciado a su vez por ritmos como el soul, R&B y el funk. Para mediados de la década, el género alcanzaría su ‘edad dorada’ con artistas como los Jackson 5, MFSB, The Bee Gees, Gloria Gaynor, Barry White & Love Unlimeted Orchesta.
Lo que ayudó a posicionar al género a la escena maisntream fue la película de John Badham, Saturday Night Fever de 1977. Protagonizada por John Travolta y Karen Lynn Gourney impactó la cultura pop e hizo que el mundo conociera la música Disco y su estética. La historia de Tony, el personaje que encarna Travolta, encuentra en la discoteca un espacio en el que puede ser alguien importante al que admiran los demás, como un sueño al que accedes a voluntad para evadir la realidad insuficiente de diamantina, ritmo y exuberancia.
Para 1979, Gloria Gaynor, Amii Stewart, Donna Summer y Anita Ward reinaban la pista de baile y alcanzaron una posición dentro de las listas de sencillos número uno. La Disco había dejado la escena under para brillar como sólo ella sabía y acaparó las estaciones de radio, lo que molestó a algunos nostálgicos del rock y creyentes del punk.
En marzo del mismo año, Steve Dahl se personificaría como el némesis de la disco fever. Su tragedia comenzó el día que lo despidieron de la estación WLS-FM, al formato rock para reemplazarlo por disco. Dahl iniciaría así su cruzada anti-disco, formando un ejército al que denominaba “The Insane Coho Lips”, cuyo nombre estaba inspirado en los salmones coho empleados en los Grandes Lagos como control de plaga de las anguilas que amenazaban a la población de peces.
Dahl no tardaría en encontrar su cuartel rockero, específicamente en la estación de rock The Loop, donde vociferaría constantemente en contra de la música disco. Trascendió su propaganda anti-disco, organizando disturbios en discotecas, donde su ejército y él se congregaban para quemar discos. En breve, la fiebre anti-disco se encontró con una de las peores temporadas de los White Sox de Chicago.
El declive de la asistencia los partidos de beisbol llevaron a Michael, jefe de marketing e hijo del dueño del equipo Bill Veeck, a aprovechar el disgusto por la disco para promocionar un doble partido entre los White Sox de Chicago y los Tigers de Detroit. La oferta fue de ofrecer boletos de 98 centavos a todo aquel que llevara un vinilo de disco para ser destruido en los intermedios del primer partido.
Basta decir que no se llegó ni a culminar el primer partido. La aparición de Steve Dhal en indumentaria beligerante avivó la sed de sacrificio de los asistentes, que superaron las expectativas al ser más de 50 mil. La explosión de una caja que contenía más de 10 mil álbumes de disco detonó el descontrol de los asistentes que sólo la presencia de la policía logró apaciguar.
Este suceso ocupa un lugar en la historia, no sólo por lo insólito del caso, sino por el trasfondo claramente homofóbico y racista que englobó la creación de un evento así. En opinión del periodista musical Peter Shapiro, el béisbol representaba todo lo que la sociedad blanca de clase media estadounidense pensaba que era correcto, después del fracaso en Vietnam, la pérdida de confianza en el gobierno con Watergate y con el boom de un género inmoral y pervertido como el disco.
Desafortunadamente para los detractores del hustle, la música disco no yació en su tumba precisamente la noche del 12 de julio de 1979. Si bien hubo un declive en la popularidad de la disco, de las cenizas -al igual que su precursor- surgió el house. Así, las discotecas continuaron siendo oasis de la heteronormatividad y refugio de la diversidad, la expresión y la libertad.
Muchas de las cualidades de la Disco que fueron ridiculizadas eran imágenes especulares de las cualidades que celebraban del Punk […]. Fue la diferencia entre 1984 y Un Mundo Feliz, entre una distopía social realista y una pesadilla un tanto más realista porque se logró a través de la seducción.
Jon Savage, 1991
Vade Retro... ¡Vade Ultra!
Columna publicada en Iguales Revista*
Natalia Montalván
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